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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Adaptar un cuento según el público, ¿es posible?

Hace poco me pidieron un espectáculo para escuela secundaria. Todo un desafío, ya que contarle cuentos durante 50 minutos a más de 400 adolescentes no es una tarea que pueda catalogarse de sencilla (si es que contar cuentos es sencillo). 

Entonces me puse a repasar las historias de mi repertorio que pudieran ser atractivas para los chicos, pero comprobé que con ellas iba a naufragar en ese mar de hormonas. Todas muy lindas, sí... pero en su conjunto imposible pensar en sostener tantos minutos de atención e interés. 
Entonces me puse a leer y leer. Cuentos y más cuentos: terror, amor, humor; los géneros inundaban con sus historias cada rato que tenía disponible para la lectura, pedí recomendaciones (que fueron muchas y yo agradecido). Pero aún así no podía encontrar la historia que me conectara con ellos. Es decir: sentir que tal o cual cuento me haría cómplice, me diera la llave de su atención, me posibilitara generar risas, suspiros, pensamientos... Nada. Y la fecha se acercaba. Y la presión aumentaba. ¿Qué cuentos les iba a contar? La ansiedad me carcomía los días.

                               ¿Se puede adaptar un cuento a cualquier público?


domingo, 2 de noviembre de 2014

"La estrella narigona" (o la posibilidad de crear a través del juego)

Hoy traigo un cuento que escribí. 

En realidad, más que un cuento es un ejercicio de taller realizado en la escuela NaRRaCuentoS durante este año.  A partir de un intercambio de palabras (sustantivos, adjetivos, etc.) se generaban los personajes que protagonizarían la historia. La combinación que me tocó fue bastante interesante: una ESTRELLA NARIGONA.

Hay muchas técnicas para inventar historias a partir del juego. Algunas de estas pertenecen al campo de la escritura, otras al de la oralidad y otras a ambos. Si te interesa saber más, te invito a ver la propuesta de Luis Pescetti en su taller digital. ¡O también podés sumarte a la escuela los sábados! 

Sin más preámbulos, acá va el cuento. Compartilo o dejá un comentario si te gustó... y si no te gustó, al final del post te dejo una yapa.

martes, 28 de octubre de 2014

Simplificando la historia

Varias veces me pidieron la dirección de mi blog para ser anotada en una servilleta, en un boleto, en un pedacito de diario... y anotar "www.cuentosencamino.blogspot.com..............." era una piedra en la alpargata.

Hasta que un día una señora mayor me dijo:
-¿Tan larga es la dirección? ¿¡Por qué!? - mientras intentaba anotar en el diario de la feria del libro.
Así que me puse las pilas y ahora caminamos con calzado nuevito. Bienvenidos a:

www.cuentosencamino.com


En estos tiempos en que por todos lados y medios tenemos historias rondándonos, el acto de CONTAR CUENTOS  a viva voz, cara a cara, de boca a oído se revitaliza, toma otras dimensiones y matices.

Te pregunto... e invito a responder donde dice "dejá tu mensaje"

¿Por qué contar o escuchar cuentos en estos tiempos?

Seguimos contando... seguimos caminando!


domingo, 26 de octubre de 2014

Contar para que sane

Les voy a contar algo que me sucedió hace poco más de un año (2013); algo que da cuenta de las experiencias que nos alcanzan cuando confiamos que una historia nos puede salvar.

Yo era maestro de segundo grado de escuela primaria y tenía a cargo un grupo maravilloso que, desde sus 7 y 8 años no paraban de sorprenderme, enseñarme y divertirme. Obviamente, les contaba muchos cuentos y ellos me contaban también a mí, sobretodo los viernes en la última hora, cuando llegaba la ronda de coplas, donde se decían coplas, poemas, cuentos cortitos; leídos o memorizados.

Una tarde durante el recreo, mi alumna "M" atravesó corriendo el patio de cemento, tropezó y su rodilla fue un solo y tremendo raspón. Llorando entró al aula, me contó, me mostró y se sentó. Le dije que tendría que limpiar la rodilla con agua oxigenada y sus ojos se llenaron de terror. "¡No quiero! ¡me va a arder mucho!" suplicó. Le pedí que apoyara su pierna en otra silla y, como si algo en mi interior supiera antes que mi conciencia lo que tenía que hacer, le dije: "Tranquila... ¿querés que te cuente un cuento?".
Y como a "M" le fascinan las historias, entre lágrimas de raspón y miedo, me dio el sí.

Entonces, sin dejar de mirarla a los ojos, comencé a contar la historia de cuatro hermanos que

lunes, 10 de marzo de 2014

Mujeres y hombres en los cuentos: la necesidad de despertar

De un tiempo a esta parte han surgido con más fuerza voces que intentan problematizar una realidad que no puede seguir naturalizada: el rol de los sexos en la sociedad. 
¿Qué se espera de un hombre en nuestros días? ¿Y de una mujer?
Si uno sale a caminar y a preguntar les aseguro que se sorprendería con las respuestas. O no. 

En este espacio quiero reflexionar sobre este tema en relación con las historias que contamos. 
¿Qué rol predomina en nuestros cuentos? ¿Nos preguntamos acaso sobre la importancia de la palabra como acción influyente en el modo de ver y concebir la realidad de las personas?  
Hace poco comencé a gestar estas preguntas gracias a algunos hechos que me fueron haciendo despertar.

Primer despertar

Noche de sábado. Cine de barrio. Comienza la película al más puro estilo de cuento de hadas acaramelado, rosadito marca Disney. Aburrimiento garantizado. Pero a los pocos minutos una mano verde rompe todo pronóstico: no sabía que comenzaba a mirar Shrek (la primera).

¿La vieron? Más que recomendada toda la saga. Pero recuerdo que me llamó muchísimo la atención el personaje de Fiona. Tanto en sus textos, en la personalidad y en su evolución: una mujer con todos los caracteres del estereotipo de princesa Disney (al menos de día), pero con carácter fuerte y decidido, inteligente y audaz, y sobretodo protagonista de un final sorpresivo: Fiona no podría compartir el guardarropas de ninguna princesa antecesora. 
Y eso no es un problema, sino su propia elección que no la priva del amor, de la realización personal y de la aceptación social.
Fiona, sin quererlo o queriendo, comenzaba a movilizar mis pensamientos.


Segundo despertar

Culminado uno de mis espectáculos, mi novia se encargó de continuar el “zamarreo intelectual”. A grandes rasgos, los comentarios fueron: “Marcelo, ¿te das cuenta que la mayoría de tus personajes son hombres? ¡En el cuento del pan todas las mujeres son chismosas! ¡En el de la Pincoya la mujer no hace más que esperar al marido para ponerse a cocinar!...” y frases del estilo. 

Sumado a eso, me comentó sobre un test que se les hacía a las películas sobre el protagonismo de las mujeres, tanto desde lo actoral como desde sus parlamentos y  vínculos con los demás personajes. La mayoría de las películas no superaban el test, dando cuenta de un patriarcado latente también en la industria cinematográfica.

A raíz de eso intenté hacer una evaluación de las historias que contaba y los resultados fueron impactantes. Todos mis cuentos abundaban en personajes masculinos y los que incluían un protagonismo femenino estaban contados desde el punto de vista del hombre. Lluvia de chanes. 



Pero la vorágine del día a día me impedía sentarme a “remodelar” mis relatos y a pesar de incluir algunos cambios (algunos más perceptibles que otros), el denominador común recién descubierto continuaba ejerciendo el poder.


Como cuando uno está casi despierto, pero necesita ese último empujón para salir de la cama antes que la fiaca arremeta con más fuerza.

Tercer despertar


Facebook y su contradictoria maravilla trajo el empujón. Entre tantas palabras, post, enlaces, fotos… un video. Una disertación de Colin Stokes titulada “La virilidad según las películas”, la cual recomiendo ver antes de continuar leyendo (mirala acá).

¿Qué se supone entonces que haga?
¿Debo someter todos mis cuentos al test Bechdel? Adaptándolo sería más o menos así:

1.     En el cuento deben salir al menos dos personajes femeninos.
2.     Dichos personajes deben hablarse la una a la otra en algún momento.
3.     Dicha conversación debe tratar sobre algo que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

¿Debo rediseñar mis cuentos, adaptándolos a una transmisión de valores, modelos, ideales que intenten construir un mundo más igualitario?

¿Debo investigar acerca de los estereotipos y arquetipos del pasado y del presente para construir con fundamentos más humanos las imágenes que genero al contar?

¿Debo replantearme la estructura de los relatos tradicionales (la mayoría contados desde el punto de vista masculino) y arriesgar un cambio?

¿Debo buscar un balance, un equilibrio en mi repertorio para que haya protagonismos más reales?


Preguntas como éstas me asaltan en estos tiempos, como quien recién se despierta de un sueño egoísta y se pone a pensar en todo lo que debe hacer ese día.

Pero que también se da cuenta que necesita desayunar con su familia. Entonces, familia cuentera, los animo a estar despiertos y a desayunar, con debate de por medio.