Mostrando entradas con la etiqueta historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historias. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de noviembre de 2015

Nocturna (cinco microcuentos de amor)

Les quiero compartir cinco cuentos que escribí y tenía guardados entre papeles y archivos digitales. El quinteto habla de amor, o de algo parecido al amor. Más que nada, del enamoramiento, para ser más precisos... 
Todos transcurren en la noche. La luna, las estrellas y el cielo negro son escenarios, ambientes que permiten besos, pasiones, ternuras, sorpresas. Ojalá los disfruten.
(Haciendo click en el dibujo le suman sonido de fondo con unos músicos callejeros increíbles)

Nocturna(cinco microcuentos de amor)

martes, 11 de agosto de 2015

Cuando el viento juega (cuento)

Él la vio cruzar la calle. Ella llevaba un vestido, un sombrero y una sonrisa que se le grabó a fuego en los ojos. Y la siguió en lo que quedaba de tarde; la vio mirar las vidrieras, las palomas y los árboles. Sintió que caminando tras ella soñar era otra cosa.
Cuando se la llevó el colectivo, él se sentó en un banco y pensó en la tarde que acababa de vivir. ¿Y si era ella? Todos los sueños sin cumplir que tenía amontonados en el pecho se le alborotaron. ¿Sería ella la mujer que le hiciera los sueños realidad? ¿O sólo se estaba dejando llevar por fantasías? 
Había que averiguarlo. Así que preparó sus armas de conquista: una flor, una canción, un poema. Cuando ella pasara al día siguiente por el camino de siempre caería rendida a sus pies. Pero se equivocó. Ella tiró la flor, despreció la canción, olvidó el poema y siguió caminando. Sueños… queridos sueños, son sueños nada más…

pintura de ERNEST DESCALS
Ella intentó recordar el perfume de la flor, quizás no debería haberla tirado tan pronto. La canción se le grabó irremediablemente en la cabeza. Al menos el poema quedó como un avión que uno ve pasar de lejos. Pensó en él: nada de otro mundo… quizás algo en los ojos… o en las manos… apenas un mundo pequeño y trillado… pero un mundo, uno para mí… ¿mi mundo? 

martes, 31 de marzo de 2015

¿Contar DE memoria o CON la memoria? Reflexiones, recetas y preguntas

Quiero hablarles de una frase que escucho seguido cuando se habla sobre el modo de aprender los cuentos que contamos: "este cuento me lo aprendí de memoria". Es una frase que me genera ruido, con la cual discuto y por eso es que quiero intentar desmenuzarla escribiendo este post. Ojalá se sumen y aporten lo suyo.


Muchas veces empleamos en la vida cotidiana el "me lo sé de memoria" para dar a entender que podemos repetir con exactitud cierta información: un número de teléfono, una dirección postal, un verso aprendido en la escuela, la letra de una canción y su melodía, una receta, el abecedario... la lista sería interminable. Y podemos repetir estos datos justamente porque los hemos REPETIDO con una cierta frecuencia en el tiempo. Ahora bien, repetir no siempre es igual que saber. Si, por ejemplo, tenemos que estudiar el modelo agroexportador para un examen de historia y repetimos cien veces el texto que figura en el libro, posiblemente logremos decirlo pero, ¿eso es saber y comprender qué significa el hecho histórico? Por el contrario, supongamos que debemos rendir un examen de biología y debemos estudiar el sistema osteoartromuscular y dar cuenta de los casi 650 músculos, 208 huesos y 360 articulaciones de nuestro cuerpo, seguramente tendremos que repetir y repetir y repetir hasta grabar todos esos datos en la memoria.

viernes, 16 de mayo de 2014

Entrevista a Miguel Fo, de España-Argentina


Tenemos el gustazo de recibir en este camino a un gran artista de la palabra: Miguel Fo. ¿Han tenido el gusto de verto? ¿Han muerto de la risa y se han desarmado de ternura escuchando algunos de sus cuentos?
Ya que sí o que no, basta de rodeos: con ustedes... un entrevistado de lujo!!!


                                                   

Para contactarte con Miguel puedes contactar su facebook homónimo, es decir: "Miguel Fo"


lunes, 10 de marzo de 2014

Mujeres y hombres en los cuentos: la necesidad de despertar

De un tiempo a esta parte han surgido con más fuerza voces que intentan problematizar una realidad que no puede seguir naturalizada: el rol de los sexos en la sociedad. 
¿Qué se espera de un hombre en nuestros días? ¿Y de una mujer?
Si uno sale a caminar y a preguntar les aseguro que se sorprendería con las respuestas. O no. 

En este espacio quiero reflexionar sobre este tema en relación con las historias que contamos. 
¿Qué rol predomina en nuestros cuentos? ¿Nos preguntamos acaso sobre la importancia de la palabra como acción influyente en el modo de ver y concebir la realidad de las personas?  
Hace poco comencé a gestar estas preguntas gracias a algunos hechos que me fueron haciendo despertar.

Primer despertar

Noche de sábado. Cine de barrio. Comienza la película al más puro estilo de cuento de hadas acaramelado, rosadito marca Disney. Aburrimiento garantizado. Pero a los pocos minutos una mano verde rompe todo pronóstico: no sabía que comenzaba a mirar Shrek (la primera).

¿La vieron? Más que recomendada toda la saga. Pero recuerdo que me llamó muchísimo la atención el personaje de Fiona. Tanto en sus textos, en la personalidad y en su evolución: una mujer con todos los caracteres del estereotipo de princesa Disney (al menos de día), pero con carácter fuerte y decidido, inteligente y audaz, y sobretodo protagonista de un final sorpresivo: Fiona no podría compartir el guardarropas de ninguna princesa antecesora. 
Y eso no es un problema, sino su propia elección que no la priva del amor, de la realización personal y de la aceptación social.
Fiona, sin quererlo o queriendo, comenzaba a movilizar mis pensamientos.


Segundo despertar

Culminado uno de mis espectáculos, mi novia se encargó de continuar el “zamarreo intelectual”. A grandes rasgos, los comentarios fueron: “Marcelo, ¿te das cuenta que la mayoría de tus personajes son hombres? ¡En el cuento del pan todas las mujeres son chismosas! ¡En el de la Pincoya la mujer no hace más que esperar al marido para ponerse a cocinar!...” y frases del estilo. 

Sumado a eso, me comentó sobre un test que se les hacía a las películas sobre el protagonismo de las mujeres, tanto desde lo actoral como desde sus parlamentos y  vínculos con los demás personajes. La mayoría de las películas no superaban el test, dando cuenta de un patriarcado latente también en la industria cinematográfica.

A raíz de eso intenté hacer una evaluación de las historias que contaba y los resultados fueron impactantes. Todos mis cuentos abundaban en personajes masculinos y los que incluían un protagonismo femenino estaban contados desde el punto de vista del hombre. Lluvia de chanes. 



Pero la vorágine del día a día me impedía sentarme a “remodelar” mis relatos y a pesar de incluir algunos cambios (algunos más perceptibles que otros), el denominador común recién descubierto continuaba ejerciendo el poder.


Como cuando uno está casi despierto, pero necesita ese último empujón para salir de la cama antes que la fiaca arremeta con más fuerza.

Tercer despertar


Facebook y su contradictoria maravilla trajo el empujón. Entre tantas palabras, post, enlaces, fotos… un video. Una disertación de Colin Stokes titulada “La virilidad según las películas”, la cual recomiendo ver antes de continuar leyendo (mirala acá).

¿Qué se supone entonces que haga?
¿Debo someter todos mis cuentos al test Bechdel? Adaptándolo sería más o menos así:

1.     En el cuento deben salir al menos dos personajes femeninos.
2.     Dichos personajes deben hablarse la una a la otra en algún momento.
3.     Dicha conversación debe tratar sobre algo que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

¿Debo rediseñar mis cuentos, adaptándolos a una transmisión de valores, modelos, ideales que intenten construir un mundo más igualitario?

¿Debo investigar acerca de los estereotipos y arquetipos del pasado y del presente para construir con fundamentos más humanos las imágenes que genero al contar?

¿Debo replantearme la estructura de los relatos tradicionales (la mayoría contados desde el punto de vista masculino) y arriesgar un cambio?

¿Debo buscar un balance, un equilibrio en mi repertorio para que haya protagonismos más reales?


Preguntas como éstas me asaltan en estos tiempos, como quien recién se despierta de un sueño egoísta y se pone a pensar en todo lo que debe hacer ese día.

Pero que también se da cuenta que necesita desayunar con su familia. Entonces, familia cuentera, los animo a estar despiertos y a desayunar, con debate de por medio.