viernes, 1 de agosto de 2014

El vuelo de Amalia (cuento)

Una vez, mientras buscábamos con mi pareja un libro para su prima más pequeña, se nos ocurrió generar un cuento nuevo. Uno que hablara de mujeres. Uno que mostrara que no todas las grandes mujeres son reinas o princesas. Así que nos pusimos en búsqueda y encontramos el personaje de nuestro cuento. 

Es la vida de Amalia Celia Figueredo de Pietra (1895-1985), una mujer fuera de serie, la que estrenó el cielo argentino. Nació en Rosario, prov. de Santa Fe. En 1914 conoció a Jorge Newbery y Pablo Castaibert, quienes fueron sus primeros maestros en la aviación, a bordo de un Castaibert Anzani 25 HP, pero sólo sobre tierra. Continuó su preparación en la escuela de Marceille Paillette, donde vueló por primera vez. Su primer examen falló por un accidente causado, al parecer, por manos malintencionadas. Cinco meses después volvió a rendir, exitosamente. Se convierte en la primera mujer piloto de Argentina de manera oficial.
Luego de casarse abandonó el vuelo, aunque no su relación con el ámbito aéreo.
A partir de 1964 comienzó a recibir distinciones de parte de diferentes instituciones y ministerios.
Murió en Buenos Aires, a los 90 años, en 1985. El aeródromo de Cosquín, prov. de Córdoba, lleva su nombre.

¡A volar se ha dicho!



"El vuelo de Amalia"



Amalia era una niña que quería volar.
Probó saltando de los árboles en su casa de Rosario, concentrándose en agitar fuerte los brazos…
Intentó impulsarse con la hamaca hasta alturas temibles, para soltarse y quedarse en el aire…
Trató de entender a los pájaros, primero preguntándoles, después mirándolos y finalmente imitándolos haciéndose un traje de plumas…
Pero nada dio resultado. Amalia no podía volar. Hasta que un día, caminando con su papá, vio un avión cruzar el cielo.

-Papá, ¿eso es un pájaro?- preguntó Amalia.
-No hija, es un avión. Es una máquina para volar.
Entonces Amalia supo que su sueño podía ser realidad.

Pasaron muchos años y Amalia se mudó a Buenos Aires. Y aunque ya no era una niña, su sueño no había cambiado: Amalia iba a ser aviadora. Ella iba a manejar un avión.

En esos años las mujeres no manejaban aviones solas. Eso era para los hombres. Pero Amalia no iba a descansar hasta subirse a uno de esos pájaros de metal para cruzar el cielo.

Y buscó y preguntó, una, dos, tres veces quién podía enseñarle. Hasta que un día llegó a un lugar con un cartel que decía:

AERÓDROMO

Casi saltando de alegría entró. Allí conoció a Jorge y Pablo, los aviadores que estaban encargados del lugar.
Amalia les contó de sus sueños. Cuando terminó de hablar, Jorge la miró con ojos de abuelo y le dijo:

-Amalia, vos podrías ser la primera mujer que maneje sola un avión en toda la Argentina…

Amalia pegó un salto de alegría y ese mismo día se subió a un aeroplano, segura y feliz porque su sueño ya estaba ahí, casi al alcance de sus manos.
Volar… Amalia iba a volar…
Pasaron unos años, y Amalia tuvo que aprender a despegar, maniobrar el aparato, conocer los controles, disfrutar el aire…
Hasta que llegó el día del examen final.
¡Si lo hacía bien sería nombrada piloto!
Subió al avión, encendió los motores, controló que todo funcionara bien y abrochó su cinturón. Se acordó de cuando fabricó su traje de plumas para volar como los pájaros y sonrió. El momento había llegado.

El avión avanzó por la pista, levantó su nariz…¡y alzó vuelo! La gente que estaba en tierra aplaudía, silbaba, gritaba
¡Viva Amalia!
Y los jueces que tomaban el examen hacían que sí con la cabeza.
Pero algo comenzó a andar mal. La palanca de manejo se le iba de las manos, los controles no funcionaban, unos cables se soltaron y Amalia pensó ¡que se iba a estrellar contra el piso!

Pero miles de pájaros invisibles sostuvieron el avión y lo fueron haciendo aterrizar suavemente sobre el campo…
Los pájaros invisibles le salvaron la vida…
…pero no el examen.

Sin embargo, Amalia no se iba a dejar vencer. Los meses pasaron y el día del examen llegó otra vez.
Y subió al avión, encendió los motores, controló que todo funcionara bien y abrochó su cinturón. Se volvió a acordar de cuando fabricó su traje de plumas para volar como los pájaros y sonrió con más ganas.

Amalia despegó y voló, voló y voló… Como si fuera un pájaro, como si tuviera alas en la espalda, como si viera el excelente felicitado que le ponían en su libreta de aviadora…
Amalia voló sola. Cruzó el cielo muchas veces. Y fue la primera argentina que lo hizo. Después de ella muchas mujeres más se animaron a volar solas, igual que los hombres, junto a los pájaros.

¡Espero que les haya gustado!
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